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APRENDER A ORAR ES APRENDER A VIVIR

VENID A MI, TODOS LOS QUE ESTAIS CANSADOS Y AGOBIADOS...

Es posible que incluso personas que han dedicado su vida entera a la religión, le digan a Vd., que lo importante es hacer: hacer caridad a los inmigrantes, a los necesitados, hacer limpieza en la parroquia, visitar a los enfermos, cuidar ancianos ... pero rezar ... pues mira, la verdad es que parece que aquello no sirve para nada. Es cierto que vivimos en una sociedad eminentemente práctica, en la que todo esfuerzo tiene una recompensa visible e inmediata. Uno se puede pasar 12 horas diarias en el trabajo para conseguir más dinero, más poder, mayor nivel social. Puede pasarse horas pedaleando y levantando pesas en un gimnasio para conseguir un cuerpo a lo Keanu Reeves o a lo Letitia Casta. Incluso asarse en una playa como un chuletón argentino, pese a los melanomas, para volver más moreno que el resto de sus congéneres. Todo lo que hacemos sirve para “algo”. Pero, ¿para qué sirve rezar?

Imagínese un brazo escayolado durante años, inmóvil. El día que le quitasen la escayola es casi seguro que Vd., no podría moverlo. No podría coger peso con él. No podría escribir con esa mano ...inútil total. Pues para que se haga una idea, existen en el alma del hombre lo que se llaman fuerzas unitivas. Estas fuerzas hacen que el hombre tienda hacia Dios, tienda a unirse a Él, mas en la mayoría de nosotros, están como el brazo escayolado del que hablábamos antes: inutilizadas. Vd., con su brazo atrofiado iría al fisioterapeuta y éste les aconsejaría el ejercicio adecuado para recuperar el vigor y la utilidad del brazo. Con sus fuerzas unitivas atrofiadas, el único ejercicio de recuperación adecuado es la oración. Pero al igual que para recuperar el movimiento del brazo no nos valdría cualquier ejercicio, tampoco nos valdrá ahora orar de cualquier manera. Buscaremos al mejor fisioterapeuta especializado en la unión con Dios, para que Él nos diga como hacer el ejercicio de oración. Cito textualmente:

Tu, cuando ores, entra en tu cámara y, cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo escondido te recompensará.
(Mateo 6, 6)

Si observamos los Evangelios, en muchos capítulos se hace referencia a como Jesús se apartaba de sus discípulos para orar. Está claro que Jesús no dejaba de hacer cosas constantemente por los demás, pero Él, como nosotros, necesitaba “recargarse”. Recargarse bebiendo en la fuente pura original, de aquel agua que realmente quita la sed, (Juan 4, 13-15), descansar en la morada del Padre, unido a Él. La oración personal debe ser un momento especial de intimidad, a solas con Dios; Un momento en el que le damos las gracias por todo lo bueno y lo hermoso que hay en nuestra vida, por todo lo que NO es agradable, pero que nos enseña a ser mejores. Durante ese intercambio de amor, le pedimos ayuda en aquellas cosas que nos resultan difíciles de hacer o entender y ponemos en sus manos, aceptándolas, todas esas cosas que nos producen dolor y pesar y que no tienen solución (enfermedades y tragedias personales de todo tipo), con la humildad del que desconoce la causa y las consecuencias de los acontecimientos, haciendo una ofrenda de amor y confianza en Aquel que sabemos nos ama. Los momentos cumbres de ese maravilloso intercambio de amor se consuman en el más absoluto silencio de nuestra mente y nuestros labios.

en familia

¡Ay, cuanto tiempo perdido emitiendo sonidos sin espíritu hacía el mar infinito del “por si acaso” del hombre!

Para conseguir que ese instante sea realmente especial entre Dios y yo, entre Dios y Vd., hay que tener como los atletas, paciencia, disciplina y perseverancia. Hace falta mucho trabajo para que cuando nos pongamos a orar, la mente se centre únicamente en Dios, como si no existiera nada más en el mundo y más, cuando partimos por lo general de la arriba mencionada atrofia, pero merece la pena el esfuerzo ya que el premio, es la máxima satisfacción que puede obtener un hombre en su vida.

Para entonar la “musculatura” espiritual y mantenerla en forma, es necesario orar todos los días, y para que eso resulte posible, se debe establecer un tiempo de oración y fijar un horario y respetarlo, de la misma forma que respeta Vd., su tiempo de desayuno, comida, cena, sueño, trabajo, etc. Aunque ahora le parezca absurdo, con el tiempo verá Vd., lo útil que le resulta hacerlo así, ya que acostumbrará a todos sus familiares y conocidos a que durante ese tiempo, a Vd., no se le puede molestar, y además, el hombre es un “animal de costumbres” ( piense qué ocurre cuando no hace algo a la hora en que lo hace todos los días, como comer, o incluso lavarse los dientes). Al principio, no le apetecerá a Vd., nada rezar, y para vencer la inercia, tendrá que rezar sin ganas. Ánimo, no se preocupe. Poco a poco, día a día, las ganas de estar con el Padre, se irán haciendo cada vez mayores. Lo mejor para empezar es la lectura rezada, es decir, orar leyendo oraciones ya escritas, dejándose llevar por cada frase que Vd., sienta que le acerca a Dios y recreándose en ella. Si nota que no se centra así y se sorprende pensando en que pondrá mañana de comida, no se apure. Eso le pasa a la mayoría. Puede intentar hablar con el Padre escribiéndole, como lo haría si escribiese una carta a una persona de su absoluta confianza, que supiera absolutamente todo de su vida. Recuerde siempre agradecerle con amor, todo lo que nos ha dado, y cuéntele sus temores, sus angustias. Comparta su vida con Él, y Él compartirá su amor infinito con Vd.

Si desea aprender más cosas sobre la oración, si desea que Dios sea algo vivo para Vd., si está dispuesto a que la oración transforme su vida y la haga más fructífera, próximamente, Talleres de Oración y Vida, impartirá un nuevo taller en su parroquia. No hay nada que perder, pero mucho por ganar.

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Plegaria para la noche

Padre mío, ahora que las voces se silenciaron y los clamores se apagaron, aquí al pie de la cama mi alma se eleva hasta a Ti para decirte: Creo en Ti, espero en Ti, te amo con todas mis fuerzas. Gloria a Ti, Señor. Deposito en tus manos la fatiga y la lucha, las alegrías y desencantos de este día que quedó atrás. Si los nervios me traicionaron si los impulsos egoístas me dominaron, si di entrada al rencor o a la tristeza, ¡perdón, Señor! Ten piedad de mí. Si he sido infiel, si pronuncié palabras vanas, si me dejé llevar por la impaciencia, si fui espina para alguien, ¡perdón, Señor! No quiero esta noche entregarme al sueño sin sentir sobre mi alma la seguridad de tu misericordia, tu dulce misericordia enteramente gratuita, Señor. Te doy gracias, Padre mío, porque has sido la sombra fresca que me ha cobijado durante todo este día. Te doy gracias porque -invisible, cariñoso, envolvente- me has cuidado como una madre, a lo largo de estas horas. Señor, a mi derredor ya todo es silencio y calma. Envía el ángel de la Paz a esta casa. Relaja mis nervios, sosiega mi espíritu, desata mis tensiones, inunda mi ser de silencio y serenidad. Vela sobre mí, Padre querido, mientras me entrego confiado al sueño, como un niño que duerme feliz en tus brazos. En tu nombre, Señor, descansaré tranquilo. Así sea.

Oración de la mañana

pantano (17K)

Señor, 
en el silencio de este día que nace, 
vengo a pedirte paz, 
sabiduría y fortaleza.

Hoy quiero mirar el mundo 
con ojos llenos de amor; 
ser paciente, comprensivo, 
humilde, suave y bueno.
Ver detrás de las apariencias a tus hijos, 
como los ves Tú mismo, para, así,
poder apreciar la bondad de cada uno. 

Cierra mis oídos a toda murmuración, 
guarda mi lengua de toda maledicencia, 
que sólo los pensamientos que bendigan 
permanezcan en mí. 

Quiero ser tan bien intencionado y justo 
que todos los que se acerquen a mí, 
sientan tu presencia. 

Revísteme de tu bondad, Señor, 
y haz que durante este día, 
yo te refleje. Amén.


¡Enseña a rezar a tus hijos!




Estas oraciones han sido tomadas del Libro ENCUENTRO del Padre Ignacio Larrañaga. Este sencillo y económico librito, contiene 65 oraciones para todas las circunstancias de la vida que os puede ayudar a rezar. En sus últimas páginas explica brevemente los diversos métodos de orar. Os lo recomendamos, entre tanto os animáis a realizar un Taller de Oración. Podéis adquirirlo en la Red de Librerías San Pablo (Paulinas): Plaza de Benavente o San Bernardo 114 de MADRID. Nunca debéis olvidar las oraciones nacidas de las Sagradas Escrituras: Padrenuestro, Avemaría, Gloria...


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